
Las fotos son de la zona de jardines, y han sido desinteresadamente cedidas por Ana que tuvo el buen gusto de retratarlos.
Era por la mañana, y el paseo invitaba a sentirse casi un noble.
Despues del desayuno, frugal y ligero como suele gustar a un grupo motero como el nuestro, salimos en diferentes secciones; algunos a visitar Elvas y otros dirigiéndose, temerosos ante las anunciadas lluvias, directamente hacia Lisboa.
Los que decidimos quedarnos pudimos contemplar algunos de los motivos por los que Elvas está declarado Patrimonio de la Unesco (creo).

Desde aquí y tras un cafelico, nos dirigimos de buen ánimo hacia la ciudad de Evora, camino de Lisboa, para aprovechar a visita y hacer algo de turismo cultural, gastronómico y lo que fuera menester.

Evora me sorprendió bastante también por sus angostas, empinadas y retorcidas calles adoquinadas (el paraiso de un ciclista, vamos),

Una vez localizado un sitio donde nos permitieran arrasar con los productos del lugar, y a ser posible en completa compaña (casi salvo los lisboetas anticipados), dedicamos nuestro tiempo e interés a conocer esa faceta cultural que es la que ciertamente mueve a este grupo... (y ahora voy yo y me lo creo).Para regalo de nuestras mentes ávidas de conocimiento, y en ausencia de algunas botellitas de orujo ruavieja que regasen la sobremesa, la ciudad nos dejó descubrír un poco de aquello que tuvo y retuvo para el goce de los paseantes.

Entre ellos tenemos la catedral, con esos arcos góticos...

y algún que otro contrafuerte, que no hay que descuidar la estabilidad estructural.
Tras la visita al exterior de la catedral, nos desplazamos hasta una especie de patio fortaleza junto a las ruinas para tomar un cafelico antes de continuar nuestro periplo hacia Lisboa. Antes de entrar al mismo una plaza adoquinada nos sorprendió con pinceladas (me voy a hartar de mi mismo con tanta cursilada) de las diferentes culturas que eligieron esta ciudad para instalarse.
Habiendo buenas piedras, quien necesita cerámica para hacer tejas? esto lo ven en Lepe y los tejados cambian de color (una piedra dura toda la vida, y el campo está lleno)...
Con el debido respeto que hemos de tenerle a la historia, aquí se les olvidó un poco cerrar con climalit para los días de viento y lluvia, pero es lo que es, se priorizaba la transparencia de las formas y el climalit todavía no había llegado a imaginarse. Eso si, todo exterior y con vistas.

Luego llegó la iglesia, y eligió un sitio digamos que... privilegiado, sirviendose de esta maravilla como reclamo para que las fotos de los novios y recien casados fuesen únicas.
Tras haber aliviado nuestras ánsias tanto alimenticias como culturales, dirigimos nuestros pasos camino de Lisboa, soñando ya con cenar en un de esos fados en el que la música, fiel reflejo de la alegría de la huerta, acompañase el llanto por las viandas recibidas y el riego de nuestras resecas gargantas.
Llegada al hotel si problemas (santo navegador al que tanto criticamos y no flaquea en su labor de conducirnos hasta la meta, ruega por nosotros) y aposentados, duchados, peinados y revestidos, nos lanzamos a la búsqueda de un lugar donde relajarnos tras el agotador día de viaje, para lo cual el "barrio alto" aportaba el glamour (no se en portugués como se dirá) necesario para que la estampa definitiva fuese acorde a nuestra prestancia...
No dejo pasar la ocasión y agradeceré de antemano los cuidados y mimos recibidos por parte de las sufridas acompañantes viajeras, que tuvieron a bien compartir su felicidad con un servidor (aderezada con mojitos claro está), visibles en su verdadera magnitud y palpables (alguna palpó sin permiso) muestras de devoción, cariño y respeto.
Por hoy creo que lo dejo, es tardecico... otro día seguiré con Sintra... curiosa palabra, un "sintrabajo" hablando de Sintra. Saludos.
Aunque hoy es un poco tarde, estoy harto de tanto trabajo y lios, así que me regalaré un rato entretenido.
Pues si, tras nuestro mojto o caipirinha esperando la mesa para cenar, allá que entramos en tropel con la promesa de estar todos junticos, dificil tarea para un grupo tan follonero y numeroso como el kobarde (y eso que hubo ausencias justificadas, unos celebrando aniversario y otos reposando la cabecita y sus dolores).
Así que tras la cena, y como viene siendo habitual en mi, procedí a ir como el salmón, contra corriente, osease, a desovar.. mas bien con ganas de sobar, a hotel a dormir.
El cafecito en cuestión era un sitio de estos de toda la vida, mas de un siglo, así que los pastelillos tenían suficiente historia y abolengo como para estar deliciosos. La mañana soleada acompañaba y la lengua mordaz de las chicas ejercía su viperina función.


Y sirva esta imagen como inicio de a escalada al palacio, que al principio parecía iba a ser suave, pero que tras unas cerradísimas y empinadísimas curvas por las que la pericia del cofer conseguía pasar con el autobus sacando brillo a las esquinas, llegaríamos a la entrada definitiva del "tourmalet" o como se escriba ese famoso y odiado (por los ciclistas malos) puerto de montaña. Pero antes de eso, un ligero paseo hasta la parada.

Tras reponer fuerzas, y de camino al palacio que pretendíamos visitar, un pequeño alto en el camino, que mejor lugar que este con su decoración árabe para que el "harén" se sintiera como en casa.... Yo creo que en una de estas, me leen y me cortan las alas (de honda, por supuesto).